Mar. Ene 18th, 2022

En la Salud Pública y Medicina Preventiva, el tiempo tiene una medición voluble. Puede ser tan lento para evaluar los avances en las políticas de enfermedades no transmisibles, para medir el impacto de la introducción de la vacuna contra el virus del papiloma humano o para evaluar la reducción de consumo de alimentos hipercalóricos, pero puede ser tan rápido que en 24 horas, una enfermedad emergente se encuentre diseminada a nivel mundial; puede ser tan rápido que el conocimiento sobre una enfermedad emergente explique los defectos cráneo faciales de los recién nacidos de los últimos años; puede ser tan rápido que los ensayos clínicos de una vacuna programados a varios años se tengan que acelerar porque urge la implementación a nivel poblacional y de eso depende la sobrevida de comunidades enteras; y puede ser tan rápido, que un país con adecuada infraestructura en salud quede devastado tras el paso de un fenómeno hidrometeorológico, un evento sísmico o un conflicto bélico, y que esto afecte, no sólo su capacidad de atención de emergencias, sino que ponga en entredicho las metas alcanzadas por la comunidad internacional en materia de salud.

FUENTE: Editorial Springer.

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